La hora de la Boda: como la noche y el día…
A la hora de preparar una boda, lo primero que hay que elegir, y que hay que pensar bien, es la hora de la ceremonia. Esta marcará y definirá todo lo demás. Por eso te vamos a dar unos cuantos matices para que decidas con total seguridad lo que quieres.
El día, lo hace todo más claro, mas artístico, más definido, más alegre.
La novia se levanta por la mañana y todo viene rodado, peluquería, maquillaje, vestido, ramo coche y empieza la aventura…Si hay suerte, el sol ilumina su mirada, estimula la sonrisa y resalta los colores.Todos los detalles salen a relucir, la música es más alegre, las conversaciones más variopintas.
El día dura más, eres novia (y novio) más horas, tienes más tiempo para disfrutarlo, para hacerte a la idea, la noche tarda y llega para saborearla lentamente…
La noche, lo mistifica todo, lo intensifica, lo hace más pasional, más dramático. La novia se va preparando a lo largo del día, hasta que atardece, y, los rayos multicolores del sol que languidece van presagiando que se acerca el momento mágico de la ceremonia.
Ese poder de lo nocturno hace que la aparición de la novia deba ser fascinante, permite el escote más generoso, el maquillaje más intenso, la entrada más teatral.
La novia tiene que embrujar, que seducir, teniendo de su lado la luz de la luna. Ocurre todo más vertiginosamente porque los rayos del sol avanzan rápido precipitando el fín del proceso y por tanto el comienzo de una nueva etapa.


